Metafísica

 

Introducción general

 

            El término metafísica literalmente significa "aquello que está más allá de la física", y usted seguramente se habrá preguntado si es correcto que pensemos en eso. Bien, para nosotros, sin más, será el objeto de este trabajo.

            El tema no es sencillo. Tratar de hablar de lo del supuesto "más allá" significa querer expresar lo que es inefable, es decir, caer en una supuesta paradoja... y de hecho lo es.

            Veremos que las consideraciones supuestas de este tipo siempre se establecen fuera del tiempo-espacio y, por ende, también de la ley de causa-efecto, y de esta manera, será ajeno el tema al mismo intento de expresarlo con el lenguaje.

            "¿Pero, entonces.. qué estamos haciendo?" se preguntará obviamente el lector. Bueno, la respuesta que le tenemos no es muy alentadora, pero en fin, es una respuesta; a saber: es sólo el intento de darla.

            "¿Pero... qué significa esto?", nuevamente reparará el avezado lector. Bien, le contestaremos; a saber: que lo que haremos es dar una explicación a la comprensión de lo hermenéutico, de la inefabilidad misma que, como tal, existe de hecho y debemos abordarla de alguna manera. Si uno fuera oriental, en vez de un escrito se presentaría, tal vez, alguna postura yoguista de aprehensión a esta realidad; pero, como nos encuentramos en occidente, y todos sabemos cuál es el paradigma que está en boga, simplemente nos remitiremos a los símbolos del lenguaje y a sus poderes de explicabilidad científica.

            Al hablar de la imposibilidad del conocimiento la metafísica, se debe uno preguntar cuál es el fundamento para decir que existe como tal, es decir, como algo incognoscible; más todavía, me inclino a pensar que si me atrevo siquiera a hablar de ella,  es porque la conozco, ya que no podría hablar de ella en su defecto. En segundo lugar, nuestro trabajo no consistirá en indagar en su mundo, sino en analizarla por analogías, es decir, por sus efectos; en otras palabras, si es que hay y existe algo que no conocemos (pero que, como se dijo previamente, es aventurado y poco serio decir que no le conocemos absolutamente), sí podemos observar sus efectos para sacar un modelo de analogía y con éste desenvolvernos cientificamente. Así, una analogía será nuestra herramienta. Observaremos los efectos de lo metafísico acá, en lo físico, y armaremos todo un sistema de interpretación al respecto. Pero, y que quede bien en claro, que esto es sólo un modelo de analogía.

            Schopenhauer nos dice:

 

"[...] Y si bien nadie puede conocer la cosa en sí a través del velo de las formas de la intuición, cada uno la lleva en sí mismo, es él mismo; por eso puede encontrarla en el fondo de su conciencia, aunque sea de un modo condicionado. [...]"

 

 

Interpretaciones del vocablo «metafísica»

 

            Veamos las interpretaciones más importantes del vocablo metafísica que hemos juntado.

 

ñ En Aristóteles

 

        Es la ciencia del ser en general que se encuentra en todas las cosas, y del ser en cuanto tal. Es, decir, es el estudio del ser (del ente u ontología) en cuanto es ser desprovisto de cualidades, tanto como "exterior a uno" o "dentro de uno".

        Es la ciencia de las primeras cosas, de las causas y del mando como fundamento del ente.

       Es una ciencia divina por ser su objeto fuera de la física, es decir, de la percepción sensible. Sería entonces la ciencia que tendría Dios, y que Dios es su objeto. Sería el estudio del "ser supremo".

        Es la ciencia del ser inmóvil y separado. Es decir, que estudia al supuesto primer motor inmóvil aristotélico.

        Es una ciencia de la sustancia como substrato material, o ousía.

        Siendo "meta: más allá o después de", es decir "trans o post" respectivamente, y "physiká: física", resulta ser aquello que está "más allá y después de la física", o sea que es una ciencia que estudia los principios sin necesidad de las causas eficientes. Haciendo extensivo este enfoque, podríamos decir también que como los sentidos físicos perciben las cuestiones materiales y que son causalistas necesariamente, entonces por añadidura sería el estudio de las percepciones no-sensibles.

        Bibliotecariamente en cuanto ha que han sido los libros de la primera física aristotélica y que se hallaban (supuestamente) en otro lugar de la biblioteca de Aristóteles que los de la segunda física o clásica.

        Literalmente traducido el vocablo es  "tà metà  tà physiká"  o "los [libros] después de los [libros] físicos".

 

ñ En la escolástica

 

        El pensamiento medieval occidental lo ha desviado a tres cuestiones denominadas en conjunto como metafísica Especial; a saber: al estudio de la posible existencia de la divinidades y/o Dios, a la posible inmortalidad o incorruptibilidad del alma humana, y la posibilidad de la libertad o indeterminación del futuro cosmológico y humano.

 

ñ En Kant

 

        Kant ha interpretado esta metafísica Especial como incognoscible y antinómica, denominando a su objeto nóumeno trascendente y a su apariencia física fenómeno. Empero sí pensaba este autor que puede darse una metafísica en el aspecto del estudio de los fundamentos de la facultad de desarrollo y autodesarrollo del pensamiento humano; así, a esta facultad la llamó trascendental. Por tanto Kant propugna no una metafísica trascendente sino una metafísica trascendental.

 

ñ En Schopenhauer

 

        En este autor la metafísica consiste en el aspecto trascendente de la voluntad de la Naturaleza que se objetiviza en las materialidades físicas y se manifiesta a través de las voluntades individuales vivas. La mejor expresión representativa de ella se encuentra en la música; Schopenhauer nos dice:

 

"Al exponer estas analogías, debo recordar que la Música no tiene nunca en ellas más que una relación enteramente inmediata, pues jamás expresa el fenómeno, sino la esencia íntima, la raíz en sí del fenómeno, la voluntad misma. No expresa tal o cual placer, tal o cual aflicción, dolor, esfuerzo, júbilo, alegría o tranquilidad de espíritu; pinta el placer mismo, la aflicción misma y todos esos otros sentimientos, en abstracto, por decirlo así; nos da su esencia, sin nada accesorio, [...]."

 

ñ En Heidegger

 

        El estudio del ser como atemporal y aespacial, y por consiguiente inefable.

 

ñ Generalidades

 

            Hay dos tipos de conocimiento en Aristóteles: el próteron y el ústeron.  El  próteron  es lo primero que se conoce ya que se aprende a través de los sentidos, y el ústeron lo opuesto, como aquello que está fuera de los sentidos y por consiguiente es lo último que se aprende o se conoce. En el hecho de que lo próteron es lo primero que se conoce, es decir que es lo que se aprende a través de los sentidos físicos, ello es contrario a la primera naturaleza o fuseiproteron.

Por otra parte, Aristóteles distingue la filosofía del conocimiento, ya sea éste teorético, práctico o productivo, y que de acuerdo a la substancia de sus objetos de estudio podrán ser físico, matemático o teológico; donde este último a su vez es el de una substancia eterna,  inamovible pero separable.  De allí que, considerando una fusión entre la filosofía y la epistemología y sus atributos dados, es que puede ser considerada a la metafísica aquí como un arte del pensar lo divino, es decir, de aceptar el término philosophía theologiké.

            El primer ordenamiento de los escritos aristotélicos lo hizo Andrónico de Rodas (siglo -I) y fue el primero que denominó como metafísica a estos estudios aristotélicos. Según Reiner el nombre metafísica no se encuentra en ningún catálogo aristotélico. Fue Eudemo, discípulo aristotélico, quien aparentemente diera el nombre de ta meta ta physiká a los estudios de Aristóteles y que éste los bautizara como primera filosofía. Luego, fueron Alejandro de Afrodisio y Asclepio los que lo aceptaron como ta meta ta physiká por la disposición bibliotecaria (orden educacional o proshemas). Luego en el siglo I se debe a Nicolás de Damasco que confirmaría dicho nombre en un libro que lo designó de esta manera y que contenía las cuestiones aristotélicas al respecto.

El sentido de primera filosofía con que asignó el nombre Aristóteles estuvo dado por la continuación del pensamiento platónico en su primer período filosófico, pero en los últimos períodos se inclinó al próteron  (lo primero que el individuo conoce y que es lo percibido por sus sentidos físicos) y por lo tanto esta primera designación idealista no correspondería. Sería más tarde Alberto Magno y Tomás de Aquino los que la traducirían finalmente con una fuerte interpretativa hermenéutica teológica los libros finalmente hallados de Aristóteles en su Metafísica.

            Se habla comúnmente de la duración de la metafísica clásica como el período que llega hasta Kant, que dice que no se puede hacer de ella una ciencia ya que sus objetos de estudio (el mundo como totalidad, el  alma y Dios) son "síntesis infinitas", fuera del contexto epistemológico cognoscente que aborda la ciencia y por lo tanto, al no tener un fundamento real, no es un auténtico conocimiento. Empero esta actitud anti-metefísica no pertenece al pasado.  El primer motivo que encontramos en suponer tal cuestión es que el freno que se le hubo puesto a la metafísica clásica, primera o propiamente dicha con Kant, de las ideologías alemanas y Comte, ya sea en un global filosófico-político-social-histórico, resurge con los físicos teóricos del siglo XX (Einstein, Schrödinger, Dirac, Heisenberg, etc.) como metafísica nueva, segunda, y que, ante razones empíricas evidentes proponen la nueva epistemología y con ello anulan la antigua, pudiéndose denominar a esta segunda postura como anti-metafísica clásica. El segundo motivo, y el más importante, es que Kant no negaría la posibilidad de continuar con la metafísica, sino todo lo contrario, de dejar las expectativas abiertas para un nuevo encuentro con ella ya sea perfeccionando la actividad científica o bien proponiendo una nueva metodología de estudio e investigación; nos dice por tanto Kant en su Introducción a la Crítica de la razón pura: "También debe haber conocimientos sintéticos a priori en la Metafísica, aunque sólo la consideraremos como una ciencia en ensayo; [...]".

            Podríamos clasificar a la metafísica de la siguiente manera:

 

General  (u ontológica de Aristóteles)

Especial

  cosmológica  (o ética, o de la posibilidad de la libertad)

  antropológica  (o psicológica, o de la incorruptibilidad del alma)

  teológica  (o teodicea, o de la develación divina —no de la revelación)

Criticista  (o de la trascendentalidad ética de Kant)

Unificadora

 

siendo esta última la que se propone en esta obra.

            Siguiendo a Reale, podemos observar cuatro distinciones fundamentales en la obra Metafísica de Aristóteles:

 

aitiológica o arqueológica (aitía: causa, arque: comienzo). Teoría de las causas y principios primeros.

ontológica (onto: ente). Teoría del «ente tanto ente».

usiológica (ousía: substancia). Teoría de la substancia.

teológica (teo: divinidad). Teoría sobre la divinidad.

 

 

            Sabemos que se ha presentado una doble interpretación del libro aristotélico. Por una parte, hay quienes ven en él una sola metafísica, pero otros, distinguen también una filosofía primera. La diferencia entre una y otra, para nosotros, consiste, esencialmente, en que la segunda pretende analizar el comienzo de las cosas que sustenta a la filosofía segunda o física contemporánea, mientras que la primera se orienta a la posible divinidad. Asimismo, debe recordarse que Aristóteles nunca utilizó el nombre metafísica en su obra, sino que ha sido un agregado dado por intérpretes posteriores.

 

 

ñ La metafísica General (u ontológica de Aristóteles)

 

            Esta metafísica estudia el «ser del ente (en tanto que es ente)»; o sea, que como el ente es lingüísticamente un participio, es decir, puede participar tanto del sujeto como del predicado en una oración, resulta entonces que esta disciplina estudia la existencia y el sentido de los enunciados lingüísticos.

            Sería cuestión de no terminar nunca si nos pusiéramos a analizar el tema. Volúmenes y volúmenes se han escrito sobre el mismo con grandes diferencias y reticencias. Pero lo importante, para nosotros, es que han ocupado un espacio del conocimiento humano que no ha salido del lenguaje y, por consiguiente, su verdad es coherentista y no correspondentista como nos interesa —es decir, se hizo progreso en la sintaxis pero no en la semántica.

            Trataremos de salir un poco de esto. Para ello recurriremos a las definiciones que ha dado Aristóteles de sustantivo y verbo:

 

"El nombre es un sonido que posee un significado establecido tan solo de una manera convencional, pero sin ninguna referencia al tiempo, [... Un] sonido viene a ser un nombre, convirtiéndose en un símbolo. [...]" (cap. 2)

"«No-hombre» y otras expresiones análogas no son nombres. [...] Llamémoslos, a falta de algo mejor, por el término de nombres indefinidos, [...]." (cap. 2)

"Un verbo es un sonido que no solamente lleva consigo un significado particular, sino que posee además una referencia temporal. Ninguna parte del mismo tiene significado. [...]" (cap. 3)

"[...] El verbo indica el tiempo presente, y los tiempos del verbo indican todos los tiempos excepto el presente." (cap. 3)

"[...] el que habla detiene con ellos su proceso ideativo y la mente del oyente da a ello su aquiescencia. [...]" (cap. 3)

 

            En otras palabras y simplificando la cosa, el nombre, o sustancia, o sustantivo, es una entidad lingüística quieta; mientras que el verbo lo es móvil. De tal manera que la ontología aquí entendida como metafísica versará sobre el estudio de la semiótica.

            En cuanto al ser de las cosas, se entiende por esto a la existencia de las mismas. Ahora bien, si por existencia queremos decir abstracticidades intelectivas es un tema, pero aquí se diferirá de ello y se versará la metafísica por concretidades u ousías, concepto sustancial del synolon que también comparte su apremio con la quidditas o esencia de las cosas.

            Así, todo estado de las cosas será predicable o conjugable porque también es como sustancia, haciendo esto justamente que el ente sea. De tal manera es esto así, que el ser de los entes se encuentra fuera de lo conjugable y predicable, pero su transcripción como estado, o estar, sí lo es. Por eso lo ausente es metafísico, porque aunque no esté sigue siendo como ser temporal y predicable.

            Esta capacidad de predicar al ente es, en esencia, metafísica, porque es cualidad de todo ser vivo y no lo es así de lo inanimado. Por ejemplo, las máquinas, computadores programados, mecanizaciones de la inteligencia estocástica y difusa artificial; por más que se espere de ellos, jamás podrán predicar al ser ya que son únicamente físicos; les hace falta el otro dominio, el metafísico de lo biológico. Es esta categoría de la síntesis la que caracteriza lo metafísico, mientras no así necesariamente el análisis.

            Carpio nos dice:

 

"[...] El ser no es ente, y en tal sentido es la nada [...]; el ser es lo trascendental absolutamente: lo que nos hace posibles, y posibles a todos los entes en general. [...]"

 

            Así, la informática computable que está tan en boga estos años, por más que se esmere en pretender que sus sistemas ontologicen al ente no podrá, puesto que no contienen en sí ni para sí el dominio metafísico.

 

 

ñ La metafísica Especial

 

 

ñ Cosmológica (o ética, o de la posibilidad de la libertad)

 

            También entendida como ética, estudia una parte de ella, a saber: la cuestión de la posibilidad de la libertad o indeterminación de las cosas. Es decir, si el universo inanimado y los seres con vida en él, se encuentran predestinados o no en sus sucesos.

 

ñ Antropológica (o psicológica, o de la incorruptibilidad del alma)

 

            El Nuevo Testamento incorporó la idea de la transmigración de las almas. Es decir, de que una vez fenecida la persona, su synolon se degrada pero hay una parte que no se encuentra en este mundo y por lo tanto no degenera. A este aspecto es donde apunta el estudio  de la metafísica antropológica.

 

ñ Teológica (o teodicea, o de la develación divina y no de la revelación)

 

            Aristóteles anunció la existencia de un primer motor inmóvil que es el responsable de la causa primera que moverá a todas las ousías (objetos, entes, esencias, etcétera) del universo.

            Las interpretaciones aquí se deben, en su mayor parte, a la última traducción del libro Metafísica por el escolástico Tomás y que, lógicamente, a apartado el agua para su terreno. En la historia, desde Eudoxo, pasando por Platón, Aristóteles y Tolomeo, la Iglesia adoptó la metafísica como suya con el derecho de adjudicar lo primer motriz inmóvil en lo supraterreno —supralunar. A tal punto, que las censuras a Copérnico y Galileo se ajustaron, entre otras, a cubrir la posible visión de esta falta y desmoronar el Cielo con la hegemonía terrestre.

            Esta fuerza motriz y primera del universo, divinidad llamada "Dios", ha sido considerada metafísica no sólo por el aporte de Aristóteles en boca de Tomás, sino también por el anhelo de la Iglesia que sintetizamos en Anselmo, que ha visto con propiedad, que este dominio es ajeno a la entropía:

 

"[Dios:] ¿cómo lo puedes todo, si no puedes corromperte, [...]"

 

 

ñ La metafísica Criticista

 

            Esta es la metafísica de Kant. Sabemos que este autor a negado toda metafísica Especial y la hubo considerado como antinomias de lo racional —contradicciones de la razón al procesar las tesis y antitesis. Esto quiere decir que no es posible hacer ciencia de ella puesto que se refiere a lo trascendente (mundo del nóumeno o de la «cosa en sí») de la experiencia sensible (fenómeno o «cosa» que se nos aparece —apariencia) porque no tenemos evidencia empírica sobre ella, y los atavíos de imaginación de la razón pura humana tiende a desvaríos carentes de inferencias lógicas que especulan existencia de realidades inexistentes, puesto que es libre y no condicionada al mundo sensible.

            Referimos uno de sus conceptos:

 

"La metafísica, conocimiento especulativo de la razón, completamente aislado, que se levanta enteramente por encima de lo que enseña la experiencia, con meros conceptos [...], donde, por tanto, la razón ha de ser discípula de sí misma, no ha tenido hasta ahora la suerte de poder tomar el camino seguro de la ciencia. [...]"

 

donde el «hasta ahora» vislumbra una posibilidad que pretendemos superar en esta obra.

            Esta razón pura tiene facultades, siendo una de ellas la del autorreflejo, es decir, la de cuestionarse a sí misma. Por oposición, la razón "impura" sería aquella que no es libre porque se encuentra sometida a las correspondencias con las leyes de causalidad existentes en el mundo de las fenomenologías, y por consiguiente es condicionada y lógica —Kant ve al mundo físico como lógico.

            Las metafísica que propone Kant es una que se aplica no a lo trascendente sino a lo trascendental, y entendido esta última como la que se apoya en el «conocimiento de las condiciones de posibilidad de las cosas», resulta que la metafísica propuesta es la que atiende al «conocimiento de las condiciones de posibilidad de razonar puramente». O sea, la que estudia las condiciones de las especulaciones, contradicciones, imaginería y autorreflejo del pensamiento, como "más allá" de lo lógico a que está sujeta a la razón "impura".

            En suma, nos diría Kant, que podemos hacer metafísica de las cuestiones que sustentan aquello que no es lógico y sometido por la Naturaleza y es, por consiguiente, libre sin condiciones.

            Se desprende de esta nueva metafísica un acierto, y consiste en que como se aplica a la posibilidad de la libertad, resulta esto una de las dos partes de la ética —se recuerda que una es la libertad y la otra la moralidad. Así, Kant observa que la Naturaleza es un encadenamiento de causas y efectos; es decir, que en ella todo está determinado y no hay allí libertad ni su posibilidad. Aquí, entonces, no puede haber nada ético. Por consiguiente, como solamente en nuestra razón pura tenemos la libertad (indeterminación), será por ella que podremos ser morales. Entonces, y según Kant, no debe hacerse un acto porque sea bueno, sino que es bueno porque debe hacerse; en otras palabras, «será moral o ético todo acto que sea dirigido por el deber de la razón, y nunca por el apetito de nuestras inclinaciones o instintos», ya que estos últimos esconden, en el fondo, siempre las voluntades de la Naturaleza —dominio en el que se encuentra la razón "impura".

            A su vez, como la ética de la moralidad acentúa su condición en los empiristas —y Kant ha sido en parte uno de ellos innegablemente— por la facilitación neurológica, o hábito, resulta que se denomina a la metafísica kantiana como ética práctica.

            Por todo esto, y resumiendo, al hablar de metafísica Criticista estamos hablando de Kant, que a diferencia de una trascendencia o metafísica no cognoscible sí hay otra trascendental que lo es, y que corresponde a una ética del hábito y que es o no superada por la buena voluntad ejercida a través de los deberes de la razón especulativa.

            A pesar de este resumen dado, no se quieren dejar pasar algunas posibles contradicciones observadas en Kant entre lo que defiende en su primer obra Crítica de la razón pura y la posterior Crítica del juicio:

 

"[...] nos vemos obligados, bien a pesar nuestro, a mirar más allá de los sentidos para buscar en lo suprasensible el punto de unión de todas nuestras facultades a priori, [...]." (§ 57)

"[Es] lo suprasensible en general, [dado primero] como substrato de la naturaleza; [segundo,] la misma como principio de la idoneidad subjetiva de la naturaleza para nuestra facultad de conocimiento; [y tercero,] la misma como principio de los fines de la libertad [...]." (Comentario II, § 57-58)

"[...] el fin de la naturaleza misma debe buscarse más allá de ella. [...]" (§ 67)

"[...] la unidad del principio suprasensible tiene que ser considerada válida no sólo para ciertas especies de seres naturales sino del mismo modo para la naturaleza toda como sistema." (§ 67)

 

            No se quiere terminar estos temas kantianos sin dejar otra posible crítica a este excelente autor. Ella se basa en tres cuestiones, aunque en verdad deberían hacérsele más, y que son: ¿qué argumentos propios ha tenido para afirmar que la moralidad es un hábito o costumbre?, ¿cuál ha sido su argumento lógico para afirmar la existencia de las categorías del entendimiento que propone?, y ¿de dónde saca como dado que el gusto es un mediador entre el entendimiento y la razón?

 

 

ñ La metafísica Unificadora

 

ñ Introducción

 

            Descartes como Aristóteles derivaba la física de la metafísica:

 

"[...] Toda la filosofía es como un árbol cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física y las ramas que salen de este tronco son todas las demás ciencias, que se reducen a tres principales, a saber, la medicina, la mecánica y la moral [...]".

 

            Las consecuencias que se desprenden del presente enfoque son muchas. A nosotros nos interesa el hecho de poder fundamentarnos en un paradigma epistemológico que permita comparar lo que es metafísico de lo que no lo es. Digamos, de una demarcación epistemológica del conocimiento.

            Con esta mira destacaremos simplemente una cuestión: que lo físico (quantum cuantitativo) es mensurable, pero lo metafísico (quantum sólo cualitativo) no lo es. Para comprender mejor este punto se recomienda recurrir al Capítulo de Filosofía Crítica Trascendental.

            En síntesis, si tenemos una cuestión por delante a descifrar si es o no metafísica, sólo bastará para reconocerla si es posible medirla o no. Por ejemplo, si un objeto dado posee la factibilidad de acotarlo por mensuras, éste no lo será. Si otro caso es el de un ente que es tal que podemos verbalizarlo, hablarlo, etcétera, estamos de alguna manera también cuantificándolo por medio de la cantidad de información que contiene el enunciado y, por lo tanto, no es metafísico tampoco. Pero si hay algo que cobra una inexpresabilidad notoria, absoluta, floreciente, del tipo de aquellas que no se tiene duda de su inefabilidad y que le es propia para poder conceptualizarla el hacernos entrar en un círculo vicioso, paradójico muchas veces, que se presta a sin número de opiniones y discusiones tales que pone en evidencia que personas inteligentes y cultas no pueden hallar el sustento de su explicación para el análisis, tal cual esta cuestión se pone en evidencia por sí misma que es metafísica.

            El representante oriental Krishnamurti deja bien en claro lo siguiente:

 

"Cuanto más pensamos acerca de un problema, cuanto más lo investigamos, analizamos y discutimos, tanto más complejo se vuelve. [...]"

"[...] Cuando deseo comprender, examinar algo, no tengo que pensar en ello: lo miro. En ese momento en que me pongo a pensar, a tener ideas, opiniones al respecto, ya me hallo en un estado de distracción, desviada la atención de aquello que debo comprender. [...]"

 

            Dentro de estos conceptos, y como sabemos que la metafísica se encuentra fuera del tiempo y espacio del mundo del synolon, esto es, del material y del formal, no se encuadra por tanto dentro de las leyes de la causa-efecto de dicho synolon; o sea, ni dentro de la causalidad material ni la implicancia formal.

            Insistiendo entonces en el resumen expuesto, diremos que se entenderá por metafísica a la filosofía que propone las cuestiones fuera del tiempo, del espacio, de la causalidad y de su entropía; o bien, en su transcripción lingüista más aceptable, a la ciencia que estudia los fenómenos físicos en el dominio de la velocidad y del gradiente —"física de la física". Consistirá en una especie de física de lo trascendente y que aquí, en esta obra, se asumirá su singular trascendentalidad.

 

 

ñ La física

 

            Así como es necesario cuestionarse el significado de meta (que tiene un concepto del "trans" tanto en el espacio, como el de un "post" en el tiempo), debiera hacerse lo mismo con el significado de física. Por ejemplo, si uno define esta última como "aquello que estudia el fenómeno en el tiempo y espacio real y/o virtual", seguramente, aunque este concepto para uno sea verosímil, seguro que habrá  alguien que no lo comparta y, bien, no es tanto la importancia del tema el hecho de que no lo comparta, sino el hecho de que existe como «conocimiento implícito de la posibilidad de condición de su existencia», un nombre ya dado y que lo determina. Para ser más claro con un ejemplo, se quiere decir que si pasa delante nuestro una persona y se nos ocurre llamarlo Juan —porque tiene cara de Juan para nosotros—, tal vez esta persona se moleste porque ya tiene, en sí, un nombre previsto que no es ése. Lo mismo ocurrirá con la física. Será necesario hallar su conformidad nominal para el común de las personas.

            De esta manera las cosas, cuando la física pone en su mesa de estudios el comienzo del universo comete un error, pues este inicio, ordinariamente asignado al big-bang, que como toda infinitud es metafísico, no tiene causalidad de haber sido, y es por esto que los hombres de ciencia no lo encuentran. La matemática trascendente presentada en esta obra lo explica de la siguiente manera:

                                               1 = ò . D

 

o sea, que el «producto matemático» o «conjunción lógica y lingüista» de lo infinitamente grande por lo infinitamente pequeño nos da el fenómeno en cuestión.

            Ya Aristóteles advirtió que lo infinito no pertenece a una cuantidad numérica:

 

"Pero es evidente que el número no puede ser infinito. Efectivamente, el numero infinito no sería ni par ni impar, y la génesis de los números es siempre o de un número impar o de un número par."

 

 

ñ El primer motor inmóvil aristotélico

 

            El primer motor inmóvil aristotélico es mayéutico, y por eso nadie niega este concepto absolutamente.

            Si toda cuestión es causalística, y aun también se la busca así en lo pretendido metafísico, sería ésta una postura equivocada y contradictoria. Si se persigue el origen de todas las cosas se está en esta postura filosófica; y si se pretende encontrar la causa de las causas, o bien decir que no hay causa primera, se está en un círculo vicioso. Debe existir  necesariamente algo acausal y capaz de engendrar lo causalístico como lo viera Aristóteles. No podemos decir que todo tiene causa, ya que la misma idea de lo acausal la hace existir. En suma, no es que se refute la existencia de la posible ley causal en lo metafísico, ya que no hay elementos ni argumentos al respecto, sino que se quiere decir que se debieran rever los conceptos en esto puesto que los mismos no explican nada sino que son contradictorios.

            El universo tuvo que tener un comienzo, es decir, una causa. Bien, como esto es indudablemente cierto se preguntará a su vez cuál es la causa de esta causa, y así sucesivamente ad infinitum. Esto no cognoscible demuestra que al no poder pensarlo, aunque tiene en sí toda la verdad de lo apodíctico y necesario, muestra la evidencia de que existe algo que no es causalístico en el universo y también en nuestros principios cerebrales. Llamamos a esto, justamente porque trasciende lo cognoscible, como trascendental.

            En otras palabras, debe haber algo en el no-ser que haga que el ser sea, y viceversa.

            Es lo mismo que querer explicar lo inexplicable, o querer entender lo que no se entiende; ello presupone ya de antemano un conocimiento de lo que no es cognoscible, y esto es contradictorio en lo causal lógico. Algo hay en nosotros que permite este a priori y, como tal, no pertenece al tiempo y es ajeno a lo físicamente conocido. Vislumbramos así, finalmente, la necesaria existencia de algo inefable, es decir, de una metafísica precedente del mundo que nos rodea.

            Que algo sea incondicional quiere decir que no tiene causa; y por el contrario, que sea condicionado que la tiene. Por eso Kant al hablar de lo incondicionado habla de lo acausal metafísico.

En cuanto a la teoría de Aristóteles de la potencia y el acto, abreviemos ideas con el párrafo de Fatone:

 

"Potencia y acto (enérgeia) [...]. El acto, declara Aristóteles en el libro noveno de la Metafísica, es la potencia como un hombre que está construyendo es respecto de otro hombre que sabe cómo se construye, [y] la materia es lo que contiene la forma en potencia, y así como la noción de materia tiene afinidad con la potencia, la forma se corresponde con el acto. [...]"

 

            Por lo que respecta a la física ortodoxa, ya se ha venido observando la potencialidad del cambio aristotélico. La potencia-acto de Aristóteles se traduciría en la denominada acción, entendida en cuanto a que su velocidad es la energía. Veamos la observación de Eddington11 y Russell:

 

"[Hablando del cuanto h = 6,55.10-27 erg.seg] A esta cantidad, que en el mundo tetradimensional es lo análogo o la adaptación de la energía en el mundo tridimensional, la designamos con el nombre técnico de acción. El término no parece ser el más apropiado, mas tenemos que aceptarlo. Los erg-segundos, o sea la acción, pertenecen al mundo de Minkowsky, que es un mundo común a todos los observadores y que, por lo tanto, es absoluto. [...]"11

"La acción se define, generalmente, como la integral temporal de la energía, puesto que la energía puede ser identificada con la masa, la «acción» puede definirse también como la masa multiplicada por el tiempo. La masa gravitatoria es una longitud; por ejemplo: la masa del sol es 1,47 kilómetros (Eddington, op. cit., p. 87). Como la masa gravitatoria y la inerte son iguales, podemos considerar la acción como longitud multiplicada por el tiempo. [...]"23

"[...] la teoría de los quanta. Aquí, la unidad indivisible es una unidad de «acción», es decir energía multiplicada por tiempo, o masa multiplicada por distancia y por velocidad. [...]"24

 

            Si ahora convenimos en trabajar algebraicamente las unidades de la acción así definida, llegamos a la conclusión que responde a «m.seg»; es decir, al espacio multiplicado por el tiempo desde una mira matemática, aunque conjunción desde el lógico y lingüista.

            Por tanto podemos a toda metafísica resumirla físicamente en la ecuación 18 del Capítulo de Filosofía Crítica Trascendental:

 

                        D f  = D* f  - f (0)

donde

            fenómeno en el espacio-tiempo                                                            

 f (r,t)

            movimiento (velocidad-gradiente de la física ordinaria)                          

D

            posición (muestra del fenómeno que incluye la eternidad metafísica 

«D»)   D* f  

            inmovilidad (substrato)                                                                          

f (0)

            operador metafísico trascendental  

«D »  [ Ñ  d

 

y que conceptualmente nos dice que el cambio se conoce porque se da el conocimiento opuesto, es decir, del aquél que no cambia.

            Hemos dicho que lo trascendental, o sentir interno que poseemos, tiene las características de la infinitud. Esta irracionalidad que hemos designado D implica que lo que sentimos es el ser en potencia aristotélico, o probabilidad de la trascendentalidad kantiana, y que se manifiesta en todo cambio o acción. Las siguientes figuras muestran el efecto de tal manera que, como se dijo precedentemente:

 

            probabilidad o potencia = d energía

            energía = d acción

            probabilidad o potencia = d 2 acción

 

 

 

y generalizando para el cuadrivector espacio-tiempo:

 

            probabilidad o potencia = D 2 acción = [ Ñ  d ] 2 acción

 

indicándonos finalmente que la transmisión aristotélica entre la potencia y el acto lo da el laplaciano-aceleración de la acción física o fenómeno que se percibe.

            Así, la entelequia aristotélica como probabilidad pura es motriz. Dice Aristóteles:

 

Además, es evidente que el movimiento está en el móvil, ya que constituye la entelequia de lo móvil bajo la acción del motor. Y el acto del motor no es distinto. Tiene que haber, pues, una misma entelequia para el uno y para el otro. Ahora bien, considerado en potencia, es motor considerado en acto, es movimiento. [...]"

 

            El primer motor inmóvil de Aristóteles es un vocablo doble y tiene por significado, entonces, dos cosas. Con respecto a lo motriz, que es algo que contiene multitud de movimientos; y con respecto a lo inmóvil, a la quietud o reposo temporal. Pero claro, uno se preguntará cómo es posible movilidad y quietud al mismo tiempo; pues bien, la respuesta está en el sencillo secreto de que la movilidad apela al dominio espectral, mientras que la quietud lo hace al temporal.

            Reparemos nuevamente en Aristóteles y veamos estos conceptos. Primero deja bien en claro que entiende que hay dos realidades: la del synolon (materia y forma) y la trascendente, siendo la primera en tiempo-espacio y entrópica, mientras no así la segunda. Seguidamente reproducimos el fragmento:

 

"Hemos dicho que hay tres clases de sustancias, dos naturales y una inmóvil. Pues bien, a propósito de esta última tenemos que decir que es imprescindible que exista una sustancia eterna e inmóvil. He aquí la razón: las sustancias son los seres primeros, y si todos ellos fuesen corruptibles, todos los seres tendrían que serlo. Pero es imposible que el movimiento y el tiempo se generen o se corrompan (pues, según dijimos, han existido siempre). No podría haber ni antes ni después si no hubiese tiempo. A su vez, el movimiento es continuo en la misma acepción que el tiempo. Efectivamente, se identifica con el movimiento o es mera afección de él. Pero el movimiento no es continuo, excepción hecha del movimiento local, y no todo él, sino el circular.

Pero, si existe algo que puede mover o realzar, pero no realiza ni mueve nada, no habrá movimiento. Efectivamente, puede ocurrir que lo capaz de actuar no actúe. Será inútil por consiguiente, suponer sustancias eternas, como lo hacen los partidarios de las Ideas o Especies, si no existe algún principio capaz de introducir cambios. Pero tampoco él [como tal] será suficiente, ni otra sustancia distinta de las Ideas o Especies, pues si no actúa, no habrá movimiento. Es más, aunque actúe tampoco lo habrá si su sustancia es potencia, pues no será el suyo movimiento eterno. En efecto, puede acaecer que lo que existe en potencia deje de existir. En consecuencia, es imprescindible que exista un principio tal, que la sustancia de él sea acto."

 

            Luego observamos que Aristóteles confirma la existencia de un primer motor inmóvil con todas las características de ser eterno en acto y probable púramente, es decir, metafísico.

            Bien, analicemos mejor todo esto.

            Que el contenido motriz metafísico como primera causa tenga carácter de infinitud temporal, como lo es el impulso o función de distribución de Dirac, implica dos cosas: por un lado la quietud o inmovilidad temporal; y por otro, la diversidad de su espectro en frecuencias que es constante según la transformación de Laplace. Y como hablar de frecuencia es hablar de velocidad, se está diciendo que este evento motriz conlleva consigo mismo el concepto que nos hace falta de movilidad.

            En suma, la dualidad presunta antagónica de la inmovilidad-motriz no lo es tal, pues, respectivamente, para la primera se adviene la quietud temporal de la función impulso en el tiempo, y para la segunda le sigue la constante amplitud de ondulaciones espectrales.

 

 

 

            Así, lo denominado motriz inmóvil o también denominado primer motor inmóvil en Aristóteles cobra dos aspectos, uno físico y otro metafísico:

 

                        - motor móvil 

                                   - físico

                                   - fenómeno del synolon en t-e:  f(t,e)

                                               - real (masa & energía = materia)

                                               - virtual (información = forma)

                                   - finitud

                                   - causalístico

                                               - sistema entrada/salida

                                               - entrópico (corrupto, que degenera)

                                                           - termodinámicamente

                                                           - informáticamente

                        - motor inmóvil

                                   - metafísico

                                   - nóumeno transcripto en fenómeno de v-g:  f(v,g) = D . f(t,e)

                                   - infinitud, eterno

                                   - causalístico

                                               - sistema entrada/salida

                                               - no entrópico (no corrupto, que no degenera)

 

            En otros términos, Laplace y Kant (contemporáneos) demuestran ambos, uno a través de principios matemáticos y el otro a través de los principios de razón, que habría dos posibles interpretaciones causalísticas:

 

                        1º- en el tiempo-espacio (fenómeno continuo)

                        2º- en la velocidad-gradiente (fenómeno eterno o nóumeno)

 

 

 

            En resumen, se interpretan a la física y a la metafísica de la siguiente manera:

 

                        - física (synolon: fenómeno material-formal), como el desarrollo de los                                          fenómenos en el t-e.