A Caña

 

No a la comercialización del salmon.

    Continúa la polémica en torno a la comercialización del salmón en Asturias. Desgraciadamente, en los medios de comunicación parecen tener voz únicamente el sector que se opone a esta medida. Recientemente incluso se han vertido diversas opiniones en el sentido de la posible ilegalidad de la medida, aún cuando existe en el resto de comunidades, e incluso en Asturias lleva varias temporadas en vigor la prohibición de la comercialización de la trucha y el reo.

    Nadie parece interesado en en la realidad de esta medida. Está claro que por si sola no hará que haya más salmones en nuestros ríos, pero creo que conseguirá rebajar la presión de pesca y reducir el furtivismo, además de ser toda una declaración de intenciones de la dirección que debe tomar la pesca fluvial en nuestro tiempo.

    En Asturias hay  aproximadamente 10.000 licencias de salmón, sin embargo el grueso de los salmones que pasan por los precintos son capturados por una pequeña minoría de pescadores. Esta minoría sería la perjudicada por la medida, ya que dedican a la venta la práctica totalidad de sus capturas. Sencillamente la realidad es que se oponen a la prohibición porque obtienen un beneficio económico directo del río. Junto a ellos se alinean algunos hosteleros por la sencilla razón de que la compra de un salmón "legal" les faculta para vender una buena cantidad de salmones garrampinados, enfermos, redados e incluso noruegos obteniendo pingües beneficios.

Hoy en día la pesca fluvial no puede ser un medio de obtener un beneficio económico a costa de un bien escaso como son nuestros salmones salvajes. Hay otras maneras menos lesivas de lucrarse con esta actividad que la de matar cuantos más peces sea posible. No es admisible el discurso sobre la cultura ribereña, con la que algunos se llenan la boca, para justificar el sacar unas pesetas del río.

    La prohibición debería de rebajar la presión de pesca de muchos tramos libres, auténticos cotos particulares de algunos de estos pescadores, y provocar una redistribución de las capturas. No tiene sentido que alguien mate 20 salmones al año, ya que nadie es capaz de comer tal cantidad de peces, y veremos si estos fantásticos deportistas están motivados a pasarse 80 o 90 días a pie de río para regalarle los salmones al vecino. Sospecho que rápidamente veríamos los motivos que mueven a estos pescadores, y que no son más que los económicos.

    Es totalmente respetable el que defiendan esta postura, pero que lo hagan exponiendo sus motivaciones claramente, y se dejen de manipular al resto de pescadores desviando la atención con argumentos peregrinos. Es momento de que se imponga un uso y disfrute más racional y equitativo de nuestros ríos.

   

 

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